Mujer de todos
Vi esta mañana tu foto por última vez, esa donde estabas sentada con una mancha de mermelada en la comisura de los labios, te veías feliz, no recuerdo una sonrisa más limpia en tu lejana presencia, eso fue antes de la infancia robada, fue antes de aquellos labios lascivos que mancillaron tu camino y lo erraron para siempre jamás; a veces te he visto rodar como lagrima solitaria, deslizándote sin freno por una mejilla hasta perder la piel y caer al abismo, te he visto en cuclillas bajo las sombras de los arboles, en esas noches frías, por esas callejas solitarias, donde los extraviados sucumben a la vida furtiva, te he visto salir de la nada y acechar las ventanillas, en busca de algo que compense las largas ausencias, esperando la renta, la comida o la falda que viste ayer en el estante de una tienda sin marcas; te he visto soñar que eres princesa y al hacerlo sonríes y bailas feliz, tomas al sapo que está en tu mesa y le miras cual príncipe azul, lo abrazas y bailas soñando, las risas sonoras, la música escueta, el humo de cigarrillos, todo se junta y se vuelven platicas refortificantes, murmullos de buenos deseos, vals escritos especialmente para la pareja que danza en medio de nubes y pétalos de rosas que acarician suavemente la piel al caer del cielo, como lanzados por dioses ocultos detrás de las luces multicolores que ahora brillan especialmente para ti; el sueño termina como siempre, en el mismo hotel donde todo inicio, despiertas y el estomago se vuelca, de nuevo a la vida, de nuevo a la rutina de besos fingidos y de migajas sociales, sales en busca de tu primer alimento del cuerpo, olvidas una vez más alimentar el alma, caminas por callejuelas, silbidos, palabras obscenas y miradas asesinas, pero tu asco hacia ellas, es mayor que el de ellas por ti y pasas de largo riendo por fuera, sangrando por dentro; te ocultas detrás de una torta, bebes un refresco, te enfilas a la tienda, ahí está la falda, te la has ganado; nadie comprará una flor para ti en esta primavera, pero tú sabes, conoces bien el camino de tu jardín preferido, es lo único que ahora te hace sonreír.
Todos te miran, pero todos se esconden detrás de periódicos, de una paleta, de un comentario o bajo el amparo de padres y madres… pero como dije, hoy, hoy nada importa… sonríes de nuevo, entras, saldrás bailando, lo sé… suspiro y me voy a fingir que de nuevo pase por el mundo y todo está bien.

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