miércoles, 10 de agosto de 2011

sueños

Recuerdos

Me pare en el pórtico de la casa, el día nublado cobijaba mis memorias, parece que la naturaleza lee bien nuestros corazones, si fija su vista en el horizonte a lo lejos las montañas se cubren de esponjas que se escurren por sus laderas, el viento se vuelve tímido y el corazón se hincha, es inevitable suspirar, se añora todo, se anhela cada segundo por venir, el pasado amado y el futuro deseado, todo conspira, todo se aspira, todo se mete en los huesos y en este presente sigues tan viva como en mi más añejo pasado.

Te mire de cerca, pude sentir el hálito de tu alma mientras mis manos dibujan las formas perfectas de tu curvilínea forma de emitir sonidos, cerré los ojos y ahora son las tuyas las que tocan mi corazón generando el ritmo más volcánico del macro cosmos del ruiseñor y las odas caen como hojas en otoño, he vedado el vino al sabor, escondí el aroma a la flor, y descendí en las crestas de las olas que se forman en la corriente del arroyo que nace en tus labios, no quise abrir mis ojos, no quise amarrar mis manos, no quise cerrar la boca ni cubrir mi olfato, renacer es menester del amor.

Me senté en el primer escalón, exhausto; me había llenado una vez más, he mirado en silencio el pasar de los años, el pasar de las aves, la caída de imperios de sal, el crecer de los desiertos mas áridos, he tenido la suerte de ver muy de cerca como se forman las grietas en la piel de la tierra, como se secan las rocas y cuando la noche se acerca se rompen en pequeños pedazos, no importa cuánto parezca que todo se acaba, siempre al final llega la lluvia, moja los labios, nacen los besos, se forman caricias y en la danza más vieja que sabe la vida, surge de nuevo la esperanza de alma: morir en los brazos correctos.

Heme aquí moribundo, esperando la daga que dé el toque mortal y provoque el delirio, heme aquí postrado recordando los días pasados, reviviendo los besos robados, los suspiros regalados, las caricias no negadas, heme aquí retocando las viejas fotografías que guardo en el álbum de mi corazón, quiero hacerlas perfectas porque esa es la manía que tiene la razón.

Y si mañana no estoy ahí en el pórtico, no te asustes de seguro me senté en algún camión, que aunque lejos me lleve, no me aparta nunca del sitio que destinaste para mí en tu interior, es casi un hecho que recorro las rutas aquellas donde solíamos vernos, tocarnos, besarnos y ahogarnos de calor. No me esperes esta noche, ando de farra contigo mi amor.

Las grandes pequeñas cosas

Olor a pueblo.

Desde mi llegada hay una palabra que juega al tica tac, al pin pon, a las escondidillas en mi cráneo hueco… Felicidad. Es esa palabreja, es una palabrilla, es esa palabra que engloba tanto y nada. De niño pensaba que ser feliz era solo reír, cantar, bailar, nadar, correr, sentir al viento meterse entre los cabellos, en los ojos hasta secarlos; ver al viento como es, libre escultor de nubes, esas pompas blancas recubiertas de lana que lo invitan a uno a soñar.

En mi presente entendí, aprendí, guarde en mi, una verdad: la felicidad es un estadío que se construye con todos los matices vivenciales que existen, ahora sé que no es imperecedera pero sí puede ser permanente, sé que es una nube esperando a cada momento a un gran artista pues necesita reinventarse, por ende uno debe ser como el viento, un escultor de realidades efímeras, un viento esclavo de la libertad, condenados estamos pues a moldearnos en ese laberinto llamado felicidad. No nos queda más que navegar y me dejo llevar a ese universo insular depositado en ojos específicos y que desde hace millones de años nació en la gran explosión, ok carnal, lo digo “bien”, el big bang.

No basta vociferar que somos felices, pues la misma es inocultable, se transpira, se vuelve liquida y nos deja en aromas viajeras, la contagiamos al mundo, lo infectamos y por breves momentos se gestan espasmos que provocan disturbios artísticos, manifestaciones neurales que originan cataclismos apocalípticos y el mundo muere de nada porque la negligencia sistémica ha llenado de amor, de encanto cada lúgubre espacio de la tierra de nadie pero plagada de dueños. La depresión (producto de la represión) busca salidas y se unta, se pega, se adhiere a la gente no sin antes maquillarse y vistiéndose de odios ficticios, y de esa nada que es nuestro todo emergen las grandes ciudades, enormes centros de redistribución espiritual, nada que sienta pertenece aquí, a reubicar cada signo de inhumanidad, solo lo humano cabe en ellas, esos enormes sitios de insufrible descanso de los restos sociales, esos grandes mausoleos del compromiso humano para consigo mismo, el alter ego; y entonces fingimos que somos felices, comprando superioridades superfluas y cómo aves quiméricas ostentamos plumajes prestados, reímos y cantamos y… y… y bailamos y al llegar la noche rezamos, se caen las mascaras, termina ese baile de pretensiones tributarias, se callan las mímicas, búhos y grillos arrullan ahora el descanso perpetúo de las viejas andanzas, ahora sí uno desea mientras el sueño le invade, deberás deseamos ser niños de nuevo para encontrar esa ruta sencilla que nos lleva a la utópica ciudad llamada felicidad.

Canto perpetuo

Realidades

Esta noche como todas desde el día en que tus ojos negros se posaron por primera vez sobre mí, el viejo cenzontle ha venido a cantar, se posó en la rama habitual del árbol de mango y comenzó su serenata infaltable. Mi corazón se acurruca en tu recuerdo y mis labios claman por una suave caricia que venga de tu alma… una promesa, una sonrisa, un te amo, un hola, un buenas noches todo eso con solo tocarte, con solo besarte.

Es curioso como ese cantico que no suele ser tan largo, deja tras de sí una estela aérea que le da a mi piel esa necesidad de volar, de irse en cada nota hasta los confines del universo y desde ahí gritarte cejitas, desde ahí llamarte y hacerte sentir lo bello que es mirar la luz de la inmensidad, porque cuando se le mete a uno la vida por los oídos, se comprende que la luz es para la oscuridad como tus manos para mi piel, es exactamente eso, el bello pretexto para tocar con una pícara mirada al ser amado, entonces se entiende porque el infinito se traga la luz, la extingue, lo cubre y todo regresa a una calma llena de júbilo, llena de ansias, llena de tantos sonidos que lo único que provocan son esos mentados “big bang’s” y todo ese fuego comienza de nuevo.

Cierro los ojos para poder escuchar mejor como tu cuerpo y el mío a la distancia juegan a quererse, a soñarse, a extenderse y precipitarse. El cenzontle ha partido pero su canto aun se siente en la atmosfera sudorosa de los besos que con cada mirada has prometido desde el inicio del único baile que siempre disfruto, el que se inicia mirándote, tocando tu rostro y besándote mientras mis ojos se escurren de amor por ti.

Bendito sea el canto del cenzontle, ave maravillosa de cuatrocientas voces, la mía aunque solo es una, esta modulada al timbre exacto del candor de tus sentidos, yo no canto como el cenzontle, pero amo tanto tu ser como él ama la vida y la libertad. Linda noche hermosa sonrisa, te amo como solo los vivos pueden hacerlo, ignorando lo finito.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Extracto del cuento "caminando en tierra de dioses"

“Rituales de una tierra abrupta”
-Caminamos por la calle principal lentamente, el pueblo parecía deshabitado, nadie estaba en las calles, pero la música de la banda local delataba sin duda alguna el lugar exacto donde los pobladores debían estar. Es curiosa la música de banda, en los pueblos se baila mucho y aunque es alegre, los instrumentos de viento le dan un toque de nostalgia y en ocasiones hasta de tristeza ¿O solo será que me acostumbré desde niño a asociar esa música con los sepelios? Cuenta mi padre que cuando tenía alrededor de cinco años cada vez que una procesión mortuoria pasaba cerca de la casa, yo corría hacía el interior de la casa y cuando me preguntaban ¿A dónde vas? Yo contestaba gritando: ¡Escóndanse, ahí viene el muerto! Acto seguido me escondía debajo de la cama, a la distancia me río y es obvio que si los muertos se levantaran y quisieran hacer daño alguno, esconderse debajo de una cama no serviría mucho, pero bueno, no vale la pena tratar aquí de escudriñar en mis miedos infantiles.
-En menos de dos minutos llegamos al centro del pueblo, la gente estaba sentada de manera ordenada en torno a la banda y tenían una jícara de morro en sus manos. Nosotros nos dirigimos de manera directa al centro de repartición de algo que se nos anticipo se llamaba atole meco, a unos escasos 15 metros de donde la gente se sentaba a beber su atole y a escuchar la música destinada a alegrar la convivencia popular y a deleitar a los dioses.
-Se nos sirvió de manera generosa, por lo que al percatarme de ello inmediatamente rezongue y pedí que se me sirviera un poco menos de la ración que se estaba repartiendo, los señores se rieron y dijeron: no se puede, esto es tarea y nadie te aceptará un poco de lo que te corresponde a ti. Nos sentamos en círculo y mis compañeros y yo nos veíamos las caras con asombro y con cierto atisbo de emoción en la mirada. Nadie se atrevía a beber, ni a hablar. Fue hasta que Don Chepe dijo: Gracias madre tierra por las cosechas buenas de este año, por las lluvias abundantes y por este hermoso lugar que nos regalaste. Bebamos un poco de este atole, que lo disfruten.
-Bebimos en silencio; a pesar de mi aversión por introducir líquidos calientes en mi boca, yo acerque suavemente la jícara de morro a mis labios y sorbiendo lentamente comencé a probar esa exquisitez. Me queda claro que el motivo de este ritual es el agradecer a la madre naturaleza y a la tierra las dadivas del ciclo agrícola, lo que no me queda claro es ¿Por qué sirven tanto atole? Les dije mientras veía el contenido, que mas que líquido se veía espeso apunto de nata. Además de elote, es endulzado con panela ¿O me equivoco? Agregue.
-Sonriendo, todos los señores que estaban sentados con nosotros veían a Don Chepe, que con su cara seria escuchaba cada palabra. Meneo un poco su jícara, mirando el interior, bebió un gran sorbo y aclarando su garganta me respondió: no solo se le da las gracias a la madre naturaleza y a la madre tierra, que para nosotros no son dos, sino esas dos son la misma madre, también le rendimos tributo al dios ausente. La cantidad que se sirve tiene como origen en la abundancia, pero no necesariamente la que se cosecha, sino la que se pide para el próximo ciclo, dime algo: ¿Si tú fueras de aquí, cuanto le pedirías para el próximo año en cosechas a la tierra?
-En ese momento las miradas se centraban ya en mi persona y procedí a responder: sin duda, mucho. Mirándome con cierta indulgencia Don Chepe terminó así: Ahí lo tienes, debes beber mucho para que la tierra sepa cuanto necesitas. Sin dejar de mirarme prosiguió, antes a este atole, la mujer más grande de edad del pueblo, con una miel de piloncillo, le pintaba una milpa con todo y su jilotito, como el atole es muy espeso esta milpa no se mezclaba con el atole y uno se la iba bebiendo poco a poco. Pero esa tradición ya no se lleva a cabo.
-Hace un momento dijo usted algo del dios ausente ¿A quién o a que se refería usted Don Chepe?
-¿Qué le parece nuestro pueblo? Me inquirió El Profe Chicho. Lo mire y le respondí: muy pintoresco, tiene su encanto y la gente me parece muy amable.
-Apropósito de eso déjeme contarle algo. Hace un tiempo un maestro se jubiló, en su lugar llego otro maestro. El mismo día que llego fue a buscarme a la casa y entre charla y charla me pregunto ¿Cómo es la gente de aquí? Yo le respondí, creo que usted al que debe buscar es a Don Chepe, él es uno de los que más edad tienen y por ende de los que mejor conocen a la gente de aquí, porque para empezar yo no soy originario de aquí. Vaya a buscarle, vive al final de esta callejuela. Y así lo hizo. Después de charlar un rato con Don Chepe le hizo la misma pregunta, Don Chepe le miro y le respondió: antes de que te diga como es mi gente, primero dime ¿Cómo es tu pueblo, cómo es tu gente, tu familia, cómo eres tú?
-El nuevo maestro pensó poco y le dijo: mi pueblo es amistoso, la gente es amable, todos se conocen, se respetan, el pueblo es tranquilo, apacible y acogedor. Mi familia fomenta los núcleos internos, el respeto y la cordialidad como base para el desarrollo personal por lo tanto yo crecí con valores más que estéticos, éticos.
-Sonriendo Don Chepe, le dijo: pues esa es la gente que encontraras aquí. Hasta el día de hoy ese maestro labora aquí en la comunidad. Poco tiempo después, un nuevo profesor fue asignado a San Lorenzo, al llegar indagando dio conmigo, así que lo invite a comer y a beber unos mezcalitos. Después de platicar por unas horas, este nuevo profesor me hizo una pregunta: Oiga Profe Chicho dígame algo ¿Cómo es la gente aquí en San Lorenzo Jilotepequillo?
-Sonreí y le dije: Mire profe, creo que esa respuesta la encontrará más certera con Don Chepe ¿Por qué no va a buscarle? Sé que está en éste momento en su casa. Así lo hizo. Y después de charlar con Don Chepe por un espacio de media hora, al fin decidió hacerle la pregunta. Dígame Don Chepe ¿Cómo es la gente aquí en Jilotepequillo? Cuénteles aquí a los amigos que hizo usted compadre. Sugirió el Profe Chicho a Don Chepe y este con su rostro sereno y sonriendo, con los ojos clavados en el ayer dijo tranquilamente:
-Pos lo mismo compadre, me reí un poco y después de beberme mi mezcal le dije, oiga profe, primero dígame usted como es su pueblo, como es su gente, como es su familia, como es usted. Y le serví otro mezcalito. Él, o sea el nuevo maestro sin pensarlo mucho me dijo, allá en mi tierra somos guerreros, gente que no se deja, si alguien nos insulta contestamos igual, si alguien se pasa de vivo le enseñamos como vivir, así que a mí nadie me pone una mano encima ni se atreve siquiera a pasarse de listo porque luego, luego me lo hecho.
-¿Y que le dijo usted compadre? Pregunto el Profe Chicho.
-Pos que ese tipo de gente es la que iba a encontrar aquí. Respondió Don Chepe.
-No duró ni 15 días ese maestro, de inmediato pidió su permuta. Y riendo estruendosamente el Profe Chicho agregó, pero en el caso de ustedes, aquí en San Lorenzo siempre encontraran amigos. Porque la gente que sabe ser amigo se detecta de inmediato.
-Días después de haber escuchado aquellas palabras en mi interior aun hay certeza de que esa gente nos compartió esas vivencias -que quizá solo hayan sido producto de la sabiduría que dan los años más que un hecho real- no solo con el fin de ilustrar que éramos bienvenidos sino también para que siempre que andemos lejos de casa recordemos que podemos obtener beneficios si mostramos lo útil que ha sido el vivir.
Así que fiel a mi forma de ser, deje un momento de indagar pero comencé a charlar con cada señor que nos acompañó esa tarde, el pelón sin variar nada de sí, entre broma y broma, ayudo a que las defensas de nuestros anfitriones bajaran su férrea guardia. Y al término de mi octavo mezcal me acerque a Don Chepe y de manera artera le dije: este mezcal es tobalá, ¿No?
-Me miro y respondió, es usted más persistente que la humedad. Mejor siéntese, le voy a contar. Este mezcal es de Chuparosa.
-Ah que bien, o sea que ¿Le ponen rosas?.
-Riendo y sacudiendo su cuerpo por la risa, dijo: no amigo, chuparosa es ese agave que ves allá enfrente, ese agave produce este mezcal. Este mezcal es el original de los chontales.
Yo le miraba fijamente y él prosiguió. Antes, hace mucho, nuestros antepasados sacaban de aquí un líquido que bebían en las ceremonias, pero solo lo podían beber los elegidos o los sacerdotes o los grandes reyes. Después llegaron los españoles y con ellos el mezcal, así que también todo ese mezcal se destinaba a las fiestas, a las ceremonias, pero solo para los chontales, nadie más. Chuparosa, en chontal se dice Kanzini.
-Bueno Don Chepe, hace un par de días escuche nombrar a un rey, sino mal recuerdo su nombre era Fanekanzini. Me gustaría saber más de él, máxime ahora que me dice usted que ese maguey se llama así.
-En efecto, hay un Rey llamado así, para nosotros más que Rey era un Dios. Pero antes de decirle algo sobre él, cuénteme primero que escuchó acerca de él. Me respondió Don Chepe.
-Le mire y sin desviar la mirada, cómo solemos hacerlo en mi tierra le dije: pues en realidad no mucho, solo me comentaron que era un rey que tenía ciertos poderes sobrenaturales, los cuales tampoco me los detallaron. Y para ser honestos, preferiría que usted me contara esa historia, porque no sé porque pero presiento que usted sabe un poco acerca del tema. Esto último fue un recurso meramente retorico, con la firme y premeditada intención de hacer lo que en mi tierra se le conoce como “picarle la cresta al gallo”. Don Chepe debió entenderlo a la perfección, sin embargo después de algunos mezcales y mi insistencia, creo que decidió acelerar la crónica de una muerte anunciada, pues también estoy seguro que dedujo mi inquebrantable intención de no dejarle de chingar. Por lo que bebiendo de un solo sorbo su “morrito”, me respondió:
-No sé un poco de Fanekanzini, sé todo lo que un ser humano puede saber de él. Fanekanzini en chontal significa tres chuparosa, o como dicen algunos tres colibríes. Y ese Dios nació ese día, el tres chuparosa.
-Fue hace mucho tiempo, tanto como el ser humano pueda recordar. Después de tantas plegarias a los dioses, estos por fin decidieron ayudarnos. Desde siempre hemos tenido problemas con los zapotecas del istmo, específicamente con un pueblo cercano y siempre sufríamos invasiones de tierra, perdíamos nuestro territorio, el regalo de nuestros padres, de nuestra madre tierra. Pero una hermosa mañana, una pareja de chontales que no podían tener hijos, iban al río, ella a lavar ropa y su cabello, él a pescar. En eso andaban cuando ella volteo hacia la cima del jilote. Noto que había un objeto que brillaba intensamente en una cueva que aun hoy está ahí. Primero se asusto un poco, pero después se dijo a sí misma que probablemente era algo de valor o una buena señal.
-Así que cuando su esposo regreso, le señalo la cima y ambos contemplaron esa luz plateada que centelleaba en el interior de la cueva. Decidieron subir al pueblo y después de ellos, hacer el ascenso del pueblo a la cueva del jilote.
-Al llegar a la cueva, lo que encontraron no fue ni oro, ni plata, ni agua, ni nada por el estilo. Lo que hallaron ahí fue un huevo grande, mas grande del que pone una guajolota. Pero muy blanco, tan blanco que cuando la luz del sol lo tocaba, el huevo brillaba casi al punto de dejar ciego a quien le viera de frente. El marido quiso dejar el huevo en la cueva, diciendo que posiblemente era producto de algún tipo de espíritu maligno, pero la mujer se negó. Y fue ella la que decidió llevarlo consigo y ponerlo a un costado del fogón, de tal suerte que el calor diario de la leña en combustión, fuera suficiente y pudiera nacer el polluelo que adentro se encontraba.
-Pasaron los días y después de un par de semanas el huevo comenzó a moverse y al segundo día de estarse moviendo, el cascaron cedió y del interior salió un niño. Un niño fuerte, moreno como el color de la tierra misma, de ojos grandes y negros y un cabello negro azulado. Un niño sonriente, de mirada limpia, pero un niño muy curioso, miraba todo fijamente. En ese momento no se sabía pero lo que ese niño hacía desde recién nacido no era otra cosa más que aprender rápidamente todo; desde el inicio todos en el pueblo supieron que este no era un niño cualquiera y así fue. En semanas el niño ya parecía un niño de años y en solo un año el niño ya era un jovencito de 12, creció muy rápido y se hizo fuerte como un puma, veloz como el venado, astuto como la zorra, implacable como el halcón, silencioso como la cascabel, ermitaño como el zorrillo, pensativo como el búho, ligero como las nubes, alto como el jilote y dormía como los murciélagos, colgado en el techo de la cueva.
-Casi no hablaba, caminaba por los bosques, por las calles de San Lorenzo, por los caminos, por los cauces de los arroyos o por donde el deseara, sabedor que todo hasta donde veían nuestros ojos era de él, no pedía permiso para nada, ni para cazar, dicho sea de paso era lo que más le disfrutaba. Nomas que solo se comía el corazón del animal cazado. Fanekanzini, un Dios solitario que disfrutaba del mundo que poseía, pero aun los dioses tienen obligaciones y pos este no se iba a salvar de las suyas, así que en una ceremonia, se les pidió lo mismo de siempre a los dioses, ayuda para poder cuidar el territorio que nos fue dado desde el inicio de los tiempos. Y ellos respondieron: la ayuda se les envió hace ya seis ciclos del maíz.
-Fanekanzini era la respuesta de los dioses originales. Por lo que el pueblo entero fue a ver a los padres terrenales de Fanekanzini y se les pidió hablar con el dios hecho hombre, para que esté hiciera lo que le fue encomendado. Así lo hicieron los padres terrenales. Éste dijo que nadie podía decirle que hacer, ni cómo ni cuándo hacerlo, que él sabía perfectamente cuando debía actuar. Pasaron dos ciclos del maíz mas, cuando una mañana llego la noticia que encontraron muertos a diez hombres del pueblo vecino, solo les faltaba el corazón. Estos hombres se habían metido a territorio chontal y pagaron con su vida esa invasión. A Partir de ese día, cada incursión de los zapotecas en tierras chontales termino con sus exploradores acostados alineados y sin corazón.
-Pasaron varios ciclos del maíz, el pueblo chontal vivía ya con la seguridad de no perder territorios, pero los zapotecas no se daban por vencidos, armaron un ejército y comenzaron a buscar a Fanekanzini, eran muchos cazadores, Fanekanzini los veía de lejos y los atraía tierra adentro, donde los cazaba uno a uno por días enteros.
-Desafortunadamente siempre hay gene dispuesta a vender a los suyos por codicia, envidia, rencores o simplemente porque está en su naturaleza, cómo lo comprobó el sapo al cruzar al alacrán al otro lado del río. Y los chontales no somos una excepción. Los zapotecas supieron bien donde buscar y hallaron al traidor. El les dijo donde dormía Fanekanzini y como podían matarlo.
-Pero Fanekanzini supo de la traición a tiempo, mato al traidor y lo arrastro por las calles de los pueblos, después de ello se fue y sentencio que jamás volvería. Cuando allá en las tierras bajas e supo de esto, hicieron muchas incursiones, todas hasta el día de hoy han sido repelidas, no les hemos dejado ni un metro de lo que por historia, por obsequio de los dioses, nos pertenece. En cuanto a Fanekanzini, por algún tiempo se le busco sin éxito, fue hasta recientemente que supimos que vive allá en Copalita y una comisión de chontales de varios pueblos fueron a verle. Él solo dijo que pusieran 13 cabezas de 13 doncellas en la entrada de San Lorenzo Jilotepequillo y él tomaría eso, como señal de que en verdad deseaban su retorno.
-¿Las pusieron? Pregunte a un emocionado por comenzar a conocer las historias que han forjado a una de las culturas más añejas y fuertes de mi hermosa tierra.
-¿Por qué cree que a Fanekanzini se le conoce como el dios ausente?
-El Profe Chicho hizo una seña, todos se sentaron en torno a una mesa improvisada en el patio de una casa de tantas en San Lorenzo, comenzamos a comer Venado, Cascabel, calabacitas tiernas, queso fresco, salsa de chepas, agua de limón y tortillas de mano. Entre risas y mezcales Fanekanzini se sentó esa tarde entre nosotros y estoy seguro de que se sintió feliz de que su pueblo hubiera ya aprendido a defender su tierra, sus costumbres, su lengua… su historia.

domingo, 6 de junio de 2010

NIDO DE SERPIENTES

NUDISTA

No hay nada más hermoso en este mundo que tú y mis palabras están llenas de ti.
Eso pensé en el instante que me descubrí hablando solo y en voz alta, al caminar por las veredas de tu cuerpo. Esas curvas suaves que caen por tus hombros, observando cómo se funden con el inicio de tus caderas alargadas y tornean esas nalgas providenciales que circundan tu pelvis y elevan cantos efervescentes en nombre del dios Vulkano.
Caí en el embrujo de tu sonrisa, esa que haces con los ojos inyectados con lava, esa sonrisa que hace que la piedra dura se vuelva liquida. Mis huesos de titanio no son inmunes y mis piernas se doblan, estoy a tu merced, tu lengua incandescente se desliza sobre la piel y se acerca lentamente a mi corazón. Trato inútilmente de retroceder, me tienes.
Me aferro a tu cintura y beso tu boca, buscando la muerte instantánea, esa que me de la libertad de recorrer tus limites neurales, la muerte que reduce a cenizas mis ansias de comer el fuego que nace en ti, mujer.
Poso las yemas de mis dedos en tu rostro mientras beso con vehemencia esos labios que tanto amor provocan en mi pecho, al mismo tiempo mi piel devora la tuya, se juntan y los fluidos del corazón brotan sin prisa por los poros, llenando de humedad el ambiente. Mi otra mano acaricia la cima de la sierra madre atravesada, que se yergue al final de la cascada de suspiras, ese desfiladero que bien podríamos llamar espalda; te halo hacia mí, me aferro a tus labios y mi cuerpo despierta al tacto de tus senos, al beso que tu vagina le da a mi fálico corazón…
Una niebla extremadamente caliente cubre el ambiente y acaba con todo a su paso, dejando lagos hirvientes y gritos apagados, solo la tierra se mueve y las rocas se desprenden de las paredes interiores. Te aferras a mi cuello y nos deslizamos en una avalancha de promesas que solo los mudos entienden, que solo los ciegos desencriptan. Una cruenta lucha por matar al ser amado. Y con la cara pintada de rubor natural me miras con todo ese sentimiento que emana de tu vulva y yo mareado y con el rojo del atardecer en mis mejillas, te miro y de mi brota la amenaza, no moriré sin dar batalla.
La muerte se anuncia y con el frio recorriendo las vertebras de mi espalda, me despido de ti, besando tus ojos con los míos, acariciando tu piel con la mía, moviendo mi corazón y colocándolo a lado del tuyo, te beso y bebes de mi, el veneno que nos lleva juntos a las puertas del cielo.
No hay nada más hermoso en el mundo que tú y este silencio que ahora nos envuelve, esta tan lleno de ti que mi corazón se fusiona con mi mente y me voy a disfrutar de ti por más tiempo.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La gente nube

En el sopor del medio día, el viejo Juan mascaba lentamente su tortilla, miraba fijamente con ojos nostálgicos todo ese  ahora árido paisaje, su boca se movía y sus ojos estáticos narraban otros días de fertilidad y abundancia, el viento tímido aparecía de vez en cuando solo para quemar la piel del rostro, el sol abrasivo  e implacable lo hacia añicos en sus garras. Por fin después de un trago corto a la botella de mezcal,  Juan Zapatudo como le llaman en el pueblo, rasga con su voz el silencio espectral que inundaba mi mirada.
-Hace mucho tiempo, cuando las estrellas eran mas y brillaban mas cerca de la tierra, todo esto ingeniero, fue un gran lago. La gente iba desde aquí hasta Teitipac en lanchas o a Guelavía o Macuilxhochitl, también de piedra antigua la gente salía en sus lanchas, sabe ingeniero, el nombre real no era Yagul, pero un inepto que no sabia hablar la lengua antigua le puso así. Ahora ya no importa supongo. Los nombres son para ser olvidados, a menos que las acciones lo graben en piedra, aunque ahora no estoy muy seguro de ello, es irónico, la piedra antigua dejo de llamarse así.
Sabe ingeniero, hace mucho tiempo aquí llovía mucho, los ríos llevaban peces, anguilas, había patos, agua limpia, hoy solo el polvo y los recuerdos llenan estos cauces; escuche decir hace días que el gobierno debía hacer algo. Jum! ¿Qué chingaos pueden hacer esos putetes peinaditos pa que vuelva a llover? Los tiempos han cambiado, hasta la tortilla me sabe diferente. Debemos comenzar a vivir con lo poco que aun tenemos, hay que cuidar esto ingeniero, aunque ahora le parezca poco, mañana este poco le sabrá a mucho cuando ni este poco quede.
Yo mire fijamente a Juan Zapatudo y le pregunte:
-¿Cuántos años tiene Don Juan?
-Allá, atrás de ese cerro esta mi maguey ingeniero. Chulas matas que tengo, esa planta crece azul como las hojas del encino, verde como el mismo cielo, sus pencas son los brazos que se elevan al sol y le retan “Ven aquí infierno y quémame si puedes”, aun así sin lluvia abundante esa planta crece bonita, gorda y cuando se le cuece sabe dulce como el beso de la mujer amada, su saliva embriaga y nos lleva al mundo donde todo es posible y uno grita y baila y duerme profundamente.
Camine, porque sino vamos a regresar muy noche y la mujer que canta nos puede llevar lejos para nunca volver.
No pude evitar pensar en esa historia, caminaba con mis pies pesados y mis ojos ahora veían al mundo de forma diferente, vi esos árboles carentes de hojas, esos arbustos que tienen muchas espinas, mire de cerca los magueyes silvestres, las nubes, el cauce, las piedras, escuche el silbido del pastor que llama a sus chivos, vi las aves que ahora se refugiaban del sol en las ramas de los pocos árboles perennifolios que habitan esta región zapoteca; no pude evitar recordarte, pensarte y extrañarte me sentí Pedro Paramo viajando a Cómala, me sentí Dante caminando junto a Virgilio y tu mi Beatriz, lejos. Por primera ve3z en mi vida quise ir al futuro y contarle de este mi presente que para él ya es pasado, quise ir y ver a las plantas y animales que mutaron y se adaptaron a las nuevas condiciones de vida, quise ser parte de lo efímero de la vida pasada y de la perpetuidad del futuro, quise tener una flor en mis manos y darte un beso mientras miraba tus bellos ojos y te decía: “te quiero mujer, eres la mas hermosa criatura que ha existido en mi mundo moribundo, estoy convencido que en mi mañana aun brillaras, aun llenaras los cauces que recorren mi cuerpo y alimentaras mis ansias de vida que hoy me consumen los pasos” pondré esta flor en tu bella orejita, no te hará mas bella pero tu si la convertirás en un suspiro, en una sonrisa, en un beso, en un bello recuerdo.
-No le dije ingeniero, mire nomas que chulada de maguey crece en mi cerro.
He llegado a Cómala y mis labios secos me hacen mirar hacia las nubes para ver el baile aéreo del zopilote, quiero vivir para siempre encada ser que habita este mundo, solo para cantar un día en el futuro, lo bello que es hoy que tú habitas en el universo.
-Uyyy Don Juan este es el mejor maguey que he visto, es usted un viejo zorro, se la sabe de todas todas, si esa mujer que rapta hombres viene por nosotros, sin duda que usted la roba primero….

Así nos fuimos caminando, devorando el tiempo o quizá deba decir, siendo devorados por el tiempo.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Reciclaje

Tras la puerta

Ella lo miro con un poco de molestia e incertidumbre, su mirada hacia la pregunta que él no quería escuchar esa tarde. La miro y con voz dura le dijo:
-Sólo vine a despedirme, no quería irme sin verte una vez más, sin tener motivos suficientes para partir lejos de tu corazón. No quiero irme sin decirte que cada día que pasamos juntos fueron maravillosos, quiero que siempre recuerdes que los te amos que te di fueron reales y sinceros, me voy y no quiero.
Él se aferraba a la mochila que llevaba, ella lo miraba con cansancio. Él quería besarla, ella quería cerrar la puerta. Él quería pedirle que lo intentaran una vez más, ella quería decirle que todo debió terminar desde hace mucho. Él agacho la cabeza y se trago el amor que le asfixiaba en la garganta, ella exprimió su corazón y expulso las últimas gotas de “algo” que alguna vez sintió por ese sujeto.
Ella le preguntó: ¿Te irás ya?
Él la miro con esperanza de que su pregunta indicara algo mas, quería creer que le estaba diciendo no te vayas aun, pasa y tomémonos de las manos un momento y lee en mis ojos todo lo que calla mi boca.
Ella se dio cuenta y le dijo tajantemente:
-Estoy ocupada, gracias por todo, deseo que te vaya bien en tu nueva vida y que encuentres pronto a alguien que si te valore y te ame como yo no pude. Se feliz y buen viaje.
Ella cerró la puerta, él abrió los lagrimales.
Afuera él caminó sin rumbo, con los pies cansados y la mirada peor, adentro ella me abrazo del cuello y respondió a mi pregunta:
-Solo era una de esas personas que leen la biblia, pero le dije amablemente que ahora no podía atenderle, aun así insistió un poco, pero entendió. Se fue, no creo que regrese más por aquí.
No se lo dije, pero al volver de la cocina los vi y escuche todo. Yo la mire, ella me miro, él nos vio por la ventana, dejo la rosa que se le había olvidado darle minutos antes, lo mire, me miro, me sonrió, le sonreí, ella me beso, yo la bese, me levante, me despedí.
Ella tenía razón, no volvió mas por ahi, tampoco yo.