Tu perfume
Tirado boca abajo, acurrucado entre los cobertores; abrí los ojos y te vi mirándome por el espejo antes de que me dijeras: Negro, antes de irte lavas los trastes, barres bien y sacas la basura.
Cerré los ojos y tu voz se volvió una lejana sensación de alivio. Te fuiste caminando como siempre, haciendo sonar los tacones gastados de tus zapatillas. Yo me quede dormido y soñé que esa tarde llegábamos juntos de nuestros trabajos, cocinábamos como antaño, sonrientes y platicadores. Comentando los pormenores de esta semana tan tediosamente laboral ¿Y cómo no serlo? Si el fin de año trae consigo siempre los apuros de entregar informes de todo lo acaecido, de todo lo realizado, de todo lo que se ganó y se perdió. Comimos e hicimos el amor. Nos vestimos con ropas cómodas, pants, sudaderas, tenis, gorra y salimos a caminar con rumbo desconocido, así fue como llegamos al cine y pudimos ver una película de estreno, de regreso compramos algodones de azúcar y corrimos cuando la lluvia decembrina, una rara y fría visitante apareció. Nos escondimos en la casona vieja donde solíamos meternos para tocarnos de forma lasciva cuando aun éramos novios, cuando todo era novedad en nuestros cuerpos y cuando vernos se volvía la odisea superada.
Lo cierto es que esa mañana se me hizo tarde, me levante a las 9:30, lo que me dejo solo 30 minutos para bañarme, desayunar, vestirme y largarme a mi rutina laboral. No lave los trastes, ni barrí, mucho menos saque la basura. Me fui rápido, no pensé en ti un solo segundo esa mañana de diciembre. Trabaje como nunca, con la desesperación que a veces nos inyecta la prisa por hacer algo que no está en nuestra rutina, pero que está en una subrutina… la navidad.
Mi sueño matutino había puesto en mi subconsciente la necesidad de llegar temprano y cocinarte algo rico para la cena que hoy sería solo nuestra, sin niños, sin amigos, sin familia, solos tú y yo, como nunca había sucedido. Las recetas desfilaban por mi mente: pollo a la cacahuate, codorniz en salsa de uva, perdiz en salsa de mango, camarones a la tekila, lomo enchocolatado, o quizá simplemente unas enfrijoladas o unas tlayudas. Lo que fuera, en realidad aun cuando me interesaba impresionarte, lo que verdaderamente quería era estar contigo.
Hice mi trabajo y a las 4 de la tarde había quedado libre, casi al término de levantar mi desmadrito, me dijeron lo del accidente en "carambola" que había sucedido minutos atras en la autopista. Decenas de heridos y una persona fallecida. Agradecí no estar ahí, no pense en ti.
Llegue el 27 de diciembre a casa. Todo estaba como la última vez que estuviste ahí, el perfume que usaste aun inundaba la sala y tus tacones se podían escuchar. Lave los trastes, barrí bien, saque la basura y me tire sobre la bufanda que olvidaste en el sillón de la estancia. Cerré los ojos y te vi mirándome a través del espejo, esos ojos que tanto me gustaban, esa mañana no me dijeron adiós, decían: Te extraño. Me dormí en tu aroma, en tu perfume, en tu mirada, en tu nostalgia, en mis lágrimas.

uufff.... he leido a lo largo de este corto de tiempo de conocerte (( digo corto pork ni toda una vida es larga!!! )) un sin fin de lineas tuyas!!!... recuerdo un par deocacionesd en k te he dicho... DESDE MI PUNTO DE VISTA ESTO ES LO MEJOR K HAS ESCRITO.... hoy te digo... k estas lineas se unene a ese par!!!.... esa manera de narrar las cosas es muy de mi agrado.. pero no se valeeee.... xk jijos me haces chillar!!???....
ResponderEliminarp.d. me recordo una etapa de mi vida demasiado dolorosa....
La última oración cerro con broche de oro. Me gustó. ;)
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