jueves, 10 de diciembre de 2009

La rabia

No quiero olvidarme jamas de lo que sentí, por ello narrare esta historia tal y como nunca sucederá... huelga decir que algunos nombres y personajes fueron cambiados por su propia inseguridad.

"Historia De Un Pueblo Secuestrado"

        Media semana. Miércoles por la mañana. Felipe entraba a su oficina. Su celular acostumbrado ya a bailar la conga, comenzó su danza al inicio de la música.

       Felipe mira el celular y lee el nombre del remitente: número privado. Intuyó que se trataba de algún ayudante, de algún colaborador o de algún senador, diputado ¿Qué se yo? Así que no respondió. Tres minutos después, el celular volvió a sonar. Felipe no contesto.


      Cinco minutos más tarde, un mensaje de texto le ordena a Felipe contestar la siguiente llamada.


Bue… bueno – Contestó tímidamente Felipe.


Escúchame bien hijo de tu puta madre, tu hija y tu nieto están en nuestro poder; los vamos a matar. A menos claro que no vuelvas a cometer estupideces. Piensa bien lo que harás pendejo- Esa fueron las palabras de esa voz distorsionada que Felipe escucho aquella mañana de diciembre antes de que el chasquido que emite el teléfono al ser cortada la llamada, sonara.


       Pasaron los minutos lentamente como una carrera de caracoles; largos como los cabellos que tarde tras tarde peinaba Lucia Zenteno en las orillas de guigu bicu; pesados como suelen ser los remordimientos en la infancia. Felipe se mordía el alma, no sabía que hacer. ¿Debía llamar a la policía o a Carlos su amigo del alma? Quizá lo mejor era esperar a que el tipo de la voz metálica volviera a llamar. Todo eso con miles de ocurrencias más llenaban su cavidad craneal.


        Poco a poco la desesperación comenzó a llenar el pecho de Felipe, sus ojos mostraban como esa presa que llevamos en el corazón, en el caso de él, estaba a punto de colapsar.


       ¿Por qué no marcaban? ¿Por qué a su hija, por qué a su nieto? ¿Acaso en este pinchi país los delincuentes no saben que hay intocables? ¿Nadie les ha dicho que existen límites establecidos para sus fechorías?


        El reloj marcaba las 13:05 y el teléfono de Felipe comenzó a bailar. Lo cogió sin mirar y con el corazón apretando su garganta dijo:


Bueno.


Hola. Felipe, habla Agustín, oye fíjate que estuve leyendo los doc…


Mira “Cart” ahorita no estoy para chingaderas, no quiero que me jodas en todo el puto día. Si ya los leíste, no tienes más que buscar la forma de cuadrarlo y presentarlo al congreso, no_me_jo_das. ¿Entendiste? – De esa manera Felipe interrumpió a su empleado y no espero respuesta, colgó.


       Salió a su sala de espera y le dijo a su secretaria que no estaba para nadie, que si alguien preguntaba por él, se había ido a Timbuktu.


       Se fueron quemando los minutos, hasta que las cenizas producidas ahogaban el entendimiento de Felipe y justo cuando de tanto llover más seca tenia la vista, su celular sonó.


Estracto del disque cuento
"Historia de un pueblo secuestrado"

1 comentario:

  1. Holitas!!!!!..... huyy niño!!!!

    simplemente esa manera de escribir k tienes sabes k me agrada muchisimooo.....aunk a decir verdad esa historia me pone la piel erizada al cien!!!....

    Conozco la historia pero esperare ese... tal y como nunca sucedera!!!

    y obviamente esta de mas decirlo pues se k lo sabes... e encanta la manera en k narras asi k ahora k se de este lugarcito lo visitare asi como el anterior...

    Sigue escribiendo es una de las cosas k haces muy bien

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